viernes, 3 de octubre de 2008

INTRODUCCIÓN

Las canciones de Palito Ortega alcanzan con facilidad el filo de luces y de sombras que sostiene nuestra libertad personal -donde se acrisolan sueños y decisiones-, y descubren el horizonte sobrenatural de nuestra vida.  Nos ayudan a entender cómo el amor de Dios suscita en secreto nuestro amor y lo enciende, por nuestro silencio, en el recogimiento de la vida interior: para que -acallando otras voces- permanezcamos atentos a la verdad de Dios, que es también la verdad de nuestra alma.
Nuestra  “capacidad de Dios” es esta naturalidad para lo sobrenatural, que sustenta nuestra libertad, nos encamina a la luz de la verdad y nos hace amigos de Dios, muchas veces sin saberlo.
Para reconocer esta claridad y las perspectivas que libera, hemos dispuesto cin­cuenta cancio­­nes en siete seccio­nes con comentarios, y una canción final sin comentarios, que expresa el alma de la obra.
Cada sección toma su título de una de las canciones que la forman, que indica su sentido:
1. Yo soy un caminante, sobre las disposiciones interiores del autor, que desde joven lo afianzan en su senda, y deter­minan su suerte y su canto.
2. Tú y yo, a propósito del matrimonio como vocación y signo del amor por excelencia.
3. El amor es una canción que no deja de sonar. El amor nos conmueve, nos mueve y nos remueve: como un canto eterno que en nuestro corazón evoca la majestad del bien y de la belleza, y nos lleva al silencio.
4. El camino de la libertad. La Palabra de Dios, que es amor, nos salva de la dispersión por el recogimiento, y libera a nuestra razón de la oscuridad del mundo, que le es refractario.
5. Le llaman Jesús. Jesús es la Palabra de Dios que se hace hombre y da su vida para entrar en la nuestra: para hacernos libres, y efectivamente hermanos a todos los hombres.
6. Elevemos un canto hacia el viento nos invita a vivir y a dar a conocer las maravillas de Dios: la fe, el amor y la alegría a las que estamos llamados como hijos de este Padre.
Final Con una canción a flor de labios: El amanecer de un nuevo día.

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